Impactante y conmovedora, así es la nueva novela histórica de María de Lourdes Victoria.

Impactante y conmovedora, así es la nueva novela histórica de María de Lourdes Victoria.

 

 

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Los horrores de la Guerra Civil Española llevan a un padre a tomar una desesperada decisión para librar a sus hijas de la violencia, la hambruna y las condiciones que a diario ponen en grave peligro sus vidas. 

Es así como decide embarcarlas hacia México, incluso sin el consentimiento de la madre, junto a cientos de menores en las mismas precarias circunstancias. El cautivador relato narra el acontecer de tres niñas quienes son recibidas por una nación que les abre sus puertas, enfrentándolas también a los crueles desafíos del alejamiento.    

María de Lourdes, ¡bienvenida a Aroma de libros! El espacio creado por Barnes & Noble para nuestros lectores de libros en español.

La novela se titula “La maletita azul” ¿por qué se llama así? ¿qué representa el título?

Los niños de Morelia, también conocidos como Los Niños de la Guerra, hicieron su viaje a México desde España en el vapor de bandera francesa Mexique. Las gestiones para su viaje se hicieron a petición del Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español, en el que formaba parte Amalia Solórzano Bravo, esposa del presidente de México, Lázaro Cárdenas del Río. En la preparación apresurada para el viaje, los organizadores proporcionaron a cada niño una maletita azul. Eran maletitas de cartón, tal como las describo en mi obra. En esas pequeñas valijas los niños deberían empacar solo lo indispensable, esto es, aquello que pudieran cargar ellos mismos; eran casi 500 niños escoltados por solo doce maestros. Los archivos históricos muestran algunas fotografías del momento de su llegada al puerto de Veracruz. En ellas se puede ver a los pequeños descendiendo la nave en hilera, cargando sus maletitas. Esas imágenes desgarradoras me persiguieron durante toda la escritura de la novela. ¡Los niños habían dejado tanto atrás! Aquellas maletitas eran lo único que traían consigo de su terruño, además de la promesa de que aquella separación sería breve. Nadie imaginó que la Guerra Civil Española se alargaría, o que daría paso a un conflicto bélico todavía más terrible, como fue la Segunda Guerra Mundial.  Los niños nunca imaginaron, ni ellos ni sus padres, que aquel exilio sería permanente para la mayoría (algunos sí volvieron a su patria años después). De todo lo que leí, el dato que más me conmovió fue que algunos niños guardaban sus maletas debajo de sus camas. Tenían la esperanza de que cualquier día sus padres llegarían a reclamarlos. 

Además de lo que las maletitas representaban para los niños, el título ofrece al lector una metáfora de la vida. Cuando escuché la historia de los niños de Morelia por primera vez, me encontraba haciendo el Camino de Santiago y llevaba a cuestas mi propia mochila. Conforme los días pasaban y el cuerpo resentía el peso de mi mochila, me fui deshaciendo de cosas hasta quedarme con lo más indispensable. Entendí la metáfora. En esta vida hay que despojarse de todo lo que nos pesa y quedarse solo con aquello que es verdaderamente importante. Y me preguntaba, cuando se trata de salir huyendo, como fue el caso con los niños de Morelia, ¿qué empacaría? En mis reuniones con los clubs de lectura, que seguido es con personas que han tenido que migrar, la pregunta suele surgir. La respuesta casi siempre es la misma: si tuvieran que huir de nuevo a otro país, no empacarían nada. Lo importante ya está resguardado en sus corazones:  el amor de sus seres queridos y el amor propio. El título La Maletita Azul representa la esperanza de esos niños que siempre desearon volver a casa y a los brazos de sus padres. 

¿Qué te inspiró a escribir sobre la Guerra Civil Española desde el punto de vista de tres niñas exiliadas en México?

En el Camino de Santiago tuve la fortuna de conocer a una mujer que, al andar, me contó la historia de su madre, Carmen. Carmen fue una de las niñas de Morelia. La maletita azul está basada en la historia de esa mujer, pero es una versión ficticia a la que incorporé los testimonios de otros niños de Morelia. Cuando comencé mi investigación, tras leer la literatura existente y escuchar documentales (como la memoria de Emerito Payá Valera, o los documentales de Juan Pablo Villaseñor) me pareció que las voces masculinas robaban protagonismo. La escasez de las experiencias de las niñas redobló mi deseo de contar la historia de Carmen y sus hermanas. En realidad, pocas niñas de Morelia quisieron compartir sus memorias.  Al entrevistar a algunos descendientes me platicaron que sus madres, o sus abuelas, eludían el tema por completo. Al parecer, no deseaban revivir tristezas ni entristecer a sus seres queridos con esa parte de su vida que preferían olvidar. Aun así, y a pesar de que la novela está narrada desde el punto de vista de Carmen, traté de hacer evidente la gran diversidad de los pequeños refugiados. Además de la diferencia de género, provenían de diferentes estatus socioeconómicos. Incluso hablaban diferentes lenguas, como el catalán, euskera o valenciano. Algunos niños venían del campo, otros de grandes ciudades. Algunos fueron hijos de comerciantes, otros de soldados republicanos. Algunos fueron enviados por los padres y otros por las autoridades, como fue el caso de los niños que venían de un reformatorio. Lo maravilloso es que, a pesar de sus diferencias, los niños crearon una hermandad muy bella que los ayudó a sobrellevar sus pérdidas: la pérdida de los padres y familia, de cultura, de su patria, incluso de su identidad. Al final ellos mismos se identificaban no como españoles, ni como mexicanos, sino como hermanos de Morelia.   

¿Hay aspectos de tu vida familiar inmersos en el relato?

Uno de los aspectos de mi vida personal inmerso en el relato es el mestizaje, que es parte de mi identidad. Mi madre fue española, de la región de Cantabria y mi padre mexicano. Quizás por eso me interesan las historias que invitan a mis lectores a aprender y explorar la complejidad de las relaciones multiculturales, sea entre países o entre los mismos personajes. Por ejemplo, los romances en mis novelas suelen ser entre personas de diferentes culturas. En mi novela La casa de los Secretos la relación amorosa se da entre un hombre irlandés y una mujer zapoteca. En la novela que ahora mismo me ocupa, que con suerte se publicará el año que entra, el idilio es entre un hombre alemán y una mujer tzotzil. Perfilar mis personajes me permite adentrarme en sus culturas. La maletita azul me adentró en la historia de los países que he heredado: España y México. Ambos países comparten un legado cultural profundo, aunque también ha habido desencuentros políticos y debates sobre la historia compartida. La investigación de la etapa histórica que abarca La Maletita Azul amplió mi conocimiento sobre la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Además, me permitió entender la relación que existía en ese momento entre México y España. El presidente Lázaro Cárdenas simpatizaba con la Segunda República, y no dudó en abrirles las puertas del país a los hijos de los republicanos. Fue un gesto de solidaridad hacia la “Madre Patria”. 

Otra experiencia personal que me ayudó al escribir fue la separación de mi propia familia cuando era niña. Mi madre falleció en un accidente cuando tenía tres años. Mi padre quedó gravemente herido e incapaz de cuidarnos. Éramos seis hijos. La tragedia causó que los hermanitos fuéramos separados y repartidos entre diversos miembros de la familia. A mí me tocó irme a vivir a la ciudad de México con mis abuelos maternos. De la noche a la mañana perdí a mis padres, a mis hermanitos y mi hogar. Esa triste experiencia me hizo sentirme muy cerca emocionalmente de las tres hermanitas catalanas que son las protagonistas de mi novela. Aprecio su duelo, la añoranza y el desarraigo que uno siente ante la pérdida del entorno familiar y cultural. 

Finalmente, siendo mexicana se me hizo relativamente fácil compartir las partes de la novela que describen y hablan sobre México. Todo lo que se refiere a España, incluyendo el uso del español y catalán para los diálogos, requirió más estudio, que agradezco.  

Las protagonistas enfrentan amargas circunstancias al tratar de integrarse a la sociedad mexicana, pero hay también episodios que impulsan sus vidas. ¿Es tu novela, por tal motivo, un mensaje de esperanza? 

He pasado gran parte de mi vida representando a los niños en las cortes de este país, Estados Unidos, en donde tienen su casa. Las familias de estos niños frecuentemente son migrantes. Hablamos de familias que han sufrido violencia y explotación tanto durante su travesía, como en su lugar de destino. Muchos niños migrantes viajan solos y son sometidos a innombrables abusos. A pesar de ello, mi labor como abogada defensora me ha permitido apreciar la resiliencia admirable de estos pequeños. En su gran mayoría, por difíciles que sean las circunstancias, tarde o temprano logran rehacer sus vidas, e incluso ser felices. 

Las hermanitas Roda son un ejemplo de esa resiliencia infantil. Las pequeñas finalmente son adoptadas por una familia muy católica y buena que les brinda el cariño y seguridad que tanta falta les hacía. Pero incluso la hermana mayor, Mercé, que cargó con la responsabilidad de cuidar y proteger a sus hermanitas a expensas de su propio bienestar, logra salir adelante. Como ya he comentado, La maletita azul es una historia novelada, basada en una historia de la vida real. El feliz desenlace, si se le puede llamar feliz, está apegado a la vida real de las tres hermanitas que de adultas lograron formar sus propias familias y que nunca más tuvieron que emigrar.

La maletita azul conlleva un mensaje de esperanza porque los niños, siendo niños, son la esperanza en sí. 

La historia es por demás cautivadora ¿piensas darle continuación en un segundo volumen?

Recientemente fui invitada a hablar sobre la novela con un book club en Puebla. La reunión fue por zoom y asistieron casi 300 personas, según me participó la organizadora. La maravilla fue que entre los asistentes se presentaron varios descendientes de Los niños de Morelia. Ese inesperado encuentro entre “hermanos y nietos” de los españolitos exiliados fue una maravilla. Algunos de ellos nos compartieron historias y relatos que sus madres, o padres, (o abuelos) les habían contado. Se dice que “la vida real es más extraña que la ficción” y puedo decir que prueba de ello son esas historias que nos compartieron. Historias inverosímiles de sobrevivencia y resiliencia. Me gustaría tener suficiente vida para escribirlas todas. Pero me parece que esa labor le toca precisamente a los descendientes de Los niños de Morelia. Ellos tuvieron el privilegio de escuchar de primera mano los relatos de esos padres y abuelos que, por algún motivo, no quisieron publicarlo. Yo quedo agradecida con Grace González Garí, hija de Carmen, quien vio a bien regalarme la hermosa historia de su madre en el hermoso y espiritual Camino de Santiago. 

En nombre de los lectores en español de Barnes & Noble, ¡muchas gracias por tus comentarios sobre “La maletita azul”!

Ernesto Martínez
Comprador de libros en español
Barnes & Noble

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